30-04-2017
 

Por siempre Ayrton



 



Su padre le fabricó un karting con el motor de una podadora y cuando el pequeño Ayrton se subió a él, no sólo hizo que anduviera, sino que le dio vida propia demostrando tener una destreza inusual para su edad. A los ocho años, ya competía con chicos más grandes que él y a los 17 armó las valijas y se fue a derrapar talento por Europa. Antes de competir en la F 3, lo hizo en Inglaterra en la Fórmula Ford 1600 y en la Fórmula Ford 2000 y en las tres categorías salió campeón.

Pero sería en 1984 cuando comenzaría a forjarse la leyenda del hombre nacido el 21 de marzo de 1960 en San Pablo. Se subió al auto de la escudería Toleman en el gran premio de Rio de Janeiro y nunca más abandonó la categoría en la que brilló durante diez años, como aquella vez en Mónaco cuando bajo la lluvia, en un circuito que desconocía y luego de salir en la decimotercera posición, finalizó segundo detrás de Alain Prost. Alguna vez, luego de una de sus incontables victorias dejó en claro lo que para él significaba triunfar: "Ganar es como una droga. Algo muy fuerte e intenso. Una vez que lo experimentas, lo buscas todo el tiempo".

Fue tricampeón de la máxima categoría del automovilismo y además de Toleman, brilló con las grandes marcas como Lotus, McLaren y William. Sus encarnizados duelo con Alain Prost, ya forman parte de los históricos enfrentamientos de la F 1. Fue amigo y admirador del gran Juan Manuel Fangio y se ganó con creces el cariño de la gente.

Ayrton Senna da Silva podría haberse convertido en un mito viviente del automovilismo, podría haberse sorprendido de cuánto ha cambiado la categoría desde su época de corredor y hasta podría haber disfrutado de su sobrino Bruno Senna, también piloto de bólidos de acero, pero no, porque la muerte, inesperada y traicionera, lo estaba esperando en la curva Tamburello, en el circuito de Imola, la mañana del domingo primero de mayo de 1994, mientras se disputaba el Gran premio de San Marino, donde el día anterior, en el mismo circuito, había perdido la vida el australiano Roland Ratzenberger. El auto de Ayrton, a más de 300 kilómetros por hora impactó contra el paredón de contención de la curva y por la gravedad del accidente falleció horas después. Por años se habló de la tragedia y de las condiciones de seguridad de los pilotos en las pistas, a tal punto que la FIA, se vio obligada a modificar las medidas de seguridad.

Ayrton Senna, el hombre de las maniobras imposibles, el que se regocijara en las mieses del éxito y fuese amado por los amantes tuercas, tenía tan sólo 34 años al momento del accidente fatal. Cuentan que en Brasil su figura es tan popular que supera a la de Pelé, porque los grandes tiene esa ventaja, la de permanecer en la memoria de todos, aunque ya no estén físicamente.

 

 

 




Autor: Rodrigo Gaite
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