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    15-03-2017
 

Hector Pacheco, la elegancia en persona



 



Caso particular el suyo. Pues se puede asegurar que el tango tiene en él al único cantor que sobrevivió artísticamente, su último cuarto de siglo, interpretando un solo tango: “Vida mía”. Tal aserto parece exagerado pero no es así, no hubo presentación que no lo incluyera. Sus actuaciones en ese lapso se produjeron en diversos recintos tangueros y en programas de televisión, a los que era eventualmente invitado.

Nunca tuvo un importante caudal de voz y el paso del tiempo fue haciendo lo suyo, por lo que debió emplear todos los recursos que la experiencia le brindara, para cumplir ajustadamente, un tema a a lo sumo dos. Pero manteniendo aquella presencia distinguida que siempre lo caracterizó. Aquella que comenzó a ser tenida en cuenta en la orquesta de Osvaldo Fresedo. Donde no siendo el mejor vocalista logró el reconocimiento, por la refinada amalgama de su personalidad con la prestancia del maestro, en la lujosa boite Rendez Vous (en francés: nuestra cita, ubicado en la calle Maipú entre Paraguay y la avenida Córdoba). Eran sus propietarios el mismo Fresedo, en sociedad con el violinista y director de conjuntos de jazz, Eduardo Armani.

«Nací en Marcos Juárez, provincia de Córdoba, pero al año de edad, me contaron, ya vivía en la provincia de Santa Fe, en Rufino. No era todavía mayor cuando me largué a cantar con algunos muchachos del pueblo y hasta me atreví con el violín, ya que algo había aprendido. Siempre tango, por supuesto.

«A los veinte años sin mayor convencimiento me presenté en un concurso de cantores y lo gané, era un absoluto imitador de Magaldi. Hubo como premio un trabajo rentado en Radio Cerealista de Rosario. Con ese primer dinero y tentado por un familiar de Juan DArienzo, al que conocía, me largué para Buenos Aires. Juan me escuchó pero ya estaba Alberto Reynal y no pasó nada. No le habré gustado porque me dijo que no era bueno imitar a otro.

«Al año siguiente ya conocía a gente del ambiente y tuve varias actuaciones. Dos chicas, las hermanas Silva, formaban el dúo Las Palomitas, al saber de un concurso de cantores en Radio Argentina me pidieron que interviniera pero con el seudónimo Héctor Pacheco. Me convencieron y gané sin imitar a Magaldi, auspiciaba la sastrería Braudo.

«A partir de ese momento comencé a alternar con artistas de primera línea. Dejé de ser solista para formar parte de la orquesta de Alberto Pugliese. También estuve con Pedro Maffia para unas presentaciones en el Tibidabo. Tuve un papel secundario en una obra de teatro donde la figura era Alberto Vila, Yo soy Juan Tango, se titulaba. Y llegué a la orquesta de Alfredo Attadía en 1947. Hicimos Radio El Mundo, el Chantecler y quedaron tres grabaciones, aunque una sola de difusión comercial, “Milonga para Gardel”. Las otras dos integraron un disco con temas políticos, partidarios al gobierno del General Perón, se grabaron en Buenos Aires pero salieron en un sello uruguayo, M.A.D.A.N.: un tango, “Descamisado” y una marcha titulada “Peronista”.

«Cuando Attadía incorpora otro cantor, Jorge Beiró, yo preferí buscar otros rumbos. Canté con un cuarteto formado por Armando Baliotti, Luis Adesso, Bernardo Sevilla y Anselmo Aieta. Solamente hicimos giras por el interior.

«Un día de puro atrevido me le presenté a Fresedo en su propia casa. No recuerdo qué le dije. Me atendió muy bien y me complació escuchándome cantar. Allí quedó el asunto. Pero unos años después, de pura casualidad, coincidimos en la ciudad de Bariloche por unas actuaciones. Finalizadas, caímos en el mismo lugar entre otras personas, para tomar unas copas, se hizo como una peña y me hicieron cantar. Él no me recordó y pensando que era un crédito local me pidió que si iba a Buenos Aires no dejara de ir a verlo. Como retornamos casi al mismo tiempo me le presenté de inmediato. Me probó en Rendez Vous, canté “Milonguita (Esthercita)” y ya me aceptó. Lo tenía en ese momento a Armando Garrido, un buen cantor para el estilo de Fresedo pero era algo retraído. Desconozco si yo fui la causa o ya estaba previsto, el caso es que se fue. Luego apareció en la orquesta de Lucio Demare.

«Me quedé cinco años con Fresedo, grabamos “Discepolín” antes que Troilo con Berón. El primer éxito fue un tema que traía en mi repertorio. No me atrevía a proponerlo, pero un amigo de ambos, un hombre de jazz, Rudy Ayala, insistió tanto que finalmente fue aceptado, “Pero yo sé”. Después vino “Vida mía” y a partir de ese tema ya me consolidé.

«Un hecho curioso. Fresedo nunca se presentaba en bailes, pero hubo una excepción. Se lo pidió un ministro del Presidente Perón, en 1951. Aceptó con varias condiciones, una que fuera en el Club Comunicaciones, y la otra, la decisiva, que le dieran facilidad para conseguir cemento que en ese momento, por algún problema, no se proveía. Después supe que no podía finalizar la construcción de un nuevo local en Mar del Plata, en la calle Constitución. Al tiempo se inauguró con el nombre de Tajamar.

«En 1957 Radio El Mundo me ofreció un buen contrato para actuar como solista, y dejé a Fresedo. Tenía el respaldo de una orquesta dirigida por Carlos García donde estaban Elvino Vardaro, Hugo Baralis, Horacio Malvicino, Leopoldo Federico...» Hasta aquí llegó la charla.

Sus pasos siguientes, resumidamente: Su primer disco como solista fue con los temas “Vida mía” y “Sueños de París”. Los medios lo bautizan nuevamente como «El Príncipe de Buenos Aires». Más adelante también es presentado como «Un cantante para la intimidad». Su voz, sus gestos, son cada vez más delicados, canta tangos pero bien se asemeja a un romántico cantor de boleros. Sus acompañamientos musicales son herederos directos de Fresedo, en ellos nunca falta una celesta, o un instrumento de viento o una guitarra eléctrica. Uno de sus conjuntos estuvo a cargo del bandoneonista Cayetano Cámara, amigo y músico en el pasado de Alfredo Gobbi, con quien se había conocido cuando ambos integraban la formación de Manuel Buzón.

Fue autor de “Sueños de París”, “Y total para qué”, “Por siempre mía” y algunos más. En 1954 intervino en la película Soy del tiempo de Gardel, que posiblemente no se haya estrenado. Allí estaban Homero Cárpena, Maruja Gil Quesada, también Julio Jorge Nelson y un muy joven Juan Carlos Copes.

Tuvo diversos cargos en la Unión Argentina de Artistas de Variedades. Y sus últimos años no fueron buenos, razones de salud lo alejaron de la posibilidad del trabajo y los medios lanzaron pedidos de ayuda que llegaron escasamente.

Alguna vez contó, en tono confidencial: «Oí decir algunas veces, a gente que no es del ambiente, que por mi forma de cantar y actuar yo era maricón. Si supieran... si hubieran dicho que alguna vez me las tiré de "caralisa" pudieron haber estado más cerca de la verdad».

La muerte le sucedió cuando ya había cumplido los 85 años.

VIDA MÍA

 

 

 




Autor: Andres Ira
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