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    10-03-2017
 

Con acento oriental



 



Se inscribe su nombre entre los más representativos cultores del tango. Tenía condiciones naturales que contribuyeron a facilitar una trayectoria difícil en una época de grandes cantores. Presencia, personalidad y una voz distinta que lucía en su expresar fraseado y melodioso.

Uruguayo, nacido el 10 de marzo de 1913, su debut se produjo en el Cine Helvético de la pequeña localidad de Colonia Suiza, acompañado por los guitarristas Alfredo Solís y Carlos Méndez el 6 de enero de 1936. Actuaba con su verdadero nombre, Inocencio Troncone. Tres meses después, exactamente, se presenta en la recordada audición Caramelos surtidos, ante los micrófonos de la emisora CX18, con los guitarristas Fontela y Silva Aguilar, pasando inmediatamente al elenco de Eduardo Depauli. Allí, Agustín Pucciano y Depauli le crean el seudónimo de Eduardo Ruiz, que le acompañaría hasta 1943.

Su popularidad se acrecienta y sus éxitos se repiten. Interviene en la película nacional Radio Candelario junto a Eduardo Depauli, Miguel Angel Manzi y el extraordinario dúo formado por Carmen y Magdalena Méndez, cuyo estreno se realiza en el cine Radio City el 21 de agosto de 1939.

En enero de 1940 emprende una gira por el sur del Brasil con las guitarras de Fontela, Pizzo y Falco reapareciendo en Montevideo por CX46 Radio América unos meses más tarde.

Al año siguiente realiza una temporada como cantor de la orquesta bajo el nombre de Pintín Castellanos, encabezada por Alfredo Gobbi y Armando Blasco. Este conjunto, de gran calidad musical tuvo actuación destacada en el Palacio de la Cerveza de la calle Yatay, en el cabaret Tabarís y Radio Monumental.

En su etapa siguiente forma parte del recordado conjunto Laurenz-Casella, realizando numerosos bailes y presentaciones radiales, además de hacerlo desde el famoso palco del Café Ateneo. Esta orquesta la formaban prestigiosos músicos. Alternaban Julio Tobías y Sebastián Garreta en el piano, el contrabajista Mainardi y entre bandoneones y violines los directores, Félix Láurenz y Pedro Casella, Donato Racciatti, López, Ramón Panedas, entre otros. Desde allí fue el salto a la conquista de Buenos Aires como cantor de orquesta. En principio, Eduardo Ruiz no sabía cuál sería su destino. Creyó que sería el conjunto del gran violinista Antonio Rodio pero una rápida gestión de Ricardo Tanturi, que conocía sus condiciones, motivó su incorporación a la orquesta típica Los Indios dirigida por Tanturi. Era la voz distinta para reemplazar a Alberto Castillo. En principio el director lo convence para cambiar su nombre artístico diciéndole que estaban actuando Ricardo Ruiz y un cantante melódico Enrique Ruiz y que era conveniente evitar confusiones. Tanturi abrió al azar una guía telefónica y dijo: «acá está, usted se llamará Enrique Campos».

Enrique Campos debuta en Radio El Mundo como cantor de la orquesta Tanturi e inmediatamente comienza a grabar discos. Los dos primeros temas, registrados el 4 de agosto de 1943, fueron el tango de Luis Porcell y Leopoldo Díaz Vélez, “Muchachos comienza la ronda” y el vals de Raúl Iglesias y Juan Gatti, “Al pasar”.

En marzo de 1946, contrae enlace, fundando un hogar ejemplar. Al mes siguiente, luego de realizar un baile en el Club Unión de Caseros (barrio del gran Buenos Aires), canta por última vez con Tanturi, alejándose para realizar actuaciones como solista con acompañamiento de guitarras.

Francisco Rotundo lo contrata como cantor de su orquesta en marzo de 1947 donde comparte su labor con el cantor Mario Corrales (luego llamado Mario Pomar), presentándose en Radio Splendid, Teatro Empire y Café Nacional de la calle Corrientes. Posteriormente forma una orquesta que encabeza junto al bandoneonista Alfredo Calabró. Realizaba sus presentaciones el periodista Raúl Hormaza. De la orquesta Campos-Calabró se comercializa un solo disco que sobre matrices argentinas es reproducido por Sondor en Montevideo y estaba formada por Sebastián Garreta, piano: Alfredo Calabró, Roberto Pansera, Caruso y López bandoneones, Raúl Domínguez, Lijó y Mosca violines y Samonta, contrabajista.

Finalizada la temporada, ya en 1950, encabeza otra orquesta en la que comparte su labor con su gran amigo Juan Carlos Miranda. Tuvo efímera duración, porque Enrique es requerido por Francisco Rotundo, ante el alejamiento de Carlos Roldán. Tiene entonces por compañero en el canto a Floreal Ruiz. Debuta en el disco el 10 de agosto de 1951 con el tango de Juan Fulginitti “Llorando la carta” y en diciembre de ese año realiza en la orquesta de Rotundo a dúo con Floreal Fuiz su antológica interpretación del famoso vals de Charlo y José González Castillo “El viejo vals”.

En octubre de 1952, se aleja y poco después es contratado para cantar en la orquesta de Roberto Caló que integraban figuras importantes como Osvaldo Tarantino en el piano, Leo Lípesker en violín y Ernesto Franco en bandoneón. Su labor se prolonga por dos años, hasta que, por tercera vez acude al llamado de Francisco Rotundo, accediendo a cantar en su orquesta que entonces arreglaba el primer bandoneón Luis Stazo. Había otro cantor en la orquesta: Ricardo Argentino, más tarde reemplazado por Alfredo Del Río.

En 1957, vuelve a formar orquesta, un quinteto dirigido por el pianista Dante De Simone y posteriormente forma rubro con la cancionista Elena Maida en un conjunto arreglado por Dante Smurra. Va espaciando sus actuaciones absorbido por sus actividades comerciales. En 1962 se presenta en un programa especial de Canal 4 en Montevideo, acompañado por el conjunto de Edelmiro DAmario y al regresar a Buenos Aires canta en la orquesta de Graciano Gómez presentándose ante micrófonos de Splendid.

Lo encontramos en 1965 en Radio El Mundo acompañado por la orquesta de Dante Smurra y en 1969 comienza a grabar como solista en el sello Magenta. Viaja a Montevideo cantando en TV en el programa de Miguel Angel Manzi el vals de Héctor Marcó “A mi padre” y el tango de José Canet “La abandoné y no sabía”. Al regresar a Buenos Aires actúa en El farolito de Villa Crespo y es designado jurado para el Concurso de Tangos de La Falda (Córdoba).

Le pertenecen algunas obras. Los tangos “Esclavas y reinas” y “Dale Artime” con Jorge Moreira, el candombe “Dale negra”, con el mismo letrista y el vals “Por qué no estás tú” con Julio Jorge Nelson. Con Jorge Moreyra con quien tuvo una fraterna amistad musicó además “Aunque me llame papá”, “Buenos Aires del cuarenta”, “Para el final”, “Del potrero”, “Pero quisiera encontrarte” y el vals “Te estoy agradecido”. Finalmente con Juan Fulginitti “Conformate con ser buena”.

Fuera del rigor cronológico, debemos señalar que el tango que le sirvió de presentación en Buenos Aires fue “Percal”, acompañado en la oportunidad por el piano de Manuel Sucher.

Prematuramente, en Buenos Aires, ante la congoja general y de los que fuimos sus amigos, Enrique Campos nos dejó el 13 de marzo de 1970, aunque su recuerdo y su presencia nos acompañarán siempre.

Queda el testimonio de los discos para confirmar sus grandes condiciones y dejar en evidencia de que fue uno de los grandes cantores uruguayos del tango.

 

 

 




Autor: Andres Ira
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