11-02-2017
 

Herencia de sangre



 



En “Herencia de Sangre” Robet de Niro, uno de los mejores actores de todos los tiempos, interpreta a Vicent La Marca, un policía de investigaciones que carga sobre su espalda y su conciencia con un pasado y un presente tan trágico como sombrío. Su padre asesinó a un bebé cuando intentaba cobrar un rescate y su hijo mató a un hombre durante una pelea. Pareciera ser que matar está en los genes de los La Marca. De nada le servirá a Vicent tratar de torcer el destino y querer demostrar que sólo se trataron de fatídicas coincidencias.

Existen infinidades de casos en que las personas cargan con el pasado de su progenitor y a su vez, consciente o inconscientemente, se lo trasmiten a sus propios hijos. Es como si en algunos casos la historia debe volver a repetirse de generación en generación.

Tara hereditaria o simple casualidad, los hombres de la familia Da Graca estuvieron marcados a rayas verticales blancas y rojas, y el club Los Andes del gran Buenos Aires fue el lugar donde se escribieron los hechos que se repitieron en tres ocasiones. Pero a diferencia de los La Marca, abuelo, padre e hijo tuvieron un final feliz. Fue como si el azar se hubiese empeñado en que este apellido debía quedar ligado a los momentos más felices de la institución de la zona sur.

En 1938, con Manuel Da Graca entre sus jugadores, Los Andes ganó el torneo de tercera división y ascendió de categoría. Tres décadas después, en 1967 “Los mil rayitas” tuvieron el privilegio de ascender a primera A y Abel Da Graca, hijo de Manuel, fue parte de aquel equipo que un par de años después volvería a descender.

El hecho podría haber quedado como una simple anécdota de coincidencia entre la buena suerte que les tocó a padre e hijo, sin embargo los años fueron pasando y el club de Lomas de Zamora seguía militando en las jornadas de los sábados hasta que en 1994 ascendió a la B Nacional. Fue entonces cuando el estigma familiar se hizo presente: La historia debía volver a ser narrada y por eso en el plantel tenía que haber un Da Graca, en este caso llamado Hernán que era hijo de Abel y nieto de Manuel.

Como si fuese una novela de García Márquez, en las que los personajes no pueden escaparle a la fuerza desconocida que actúa sobre ellos y donde los hechos se suceden en un tiempo que no es lineal sino circular, porque lo que pasó volverá a suceder alguna vez, los Da Graca fueron destinados a llevar en sus genes y a trasmitir a su descendencia jugar en Los Andes y ascender.

 

 

 




Autor: Rodrigo Gaite
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