28-12-2016
 

Simplemente Torito Simplemente Cavenaghi



 



“Los tiempos cambiaron respecto de cuando queríamos a la camiseta más que al dinero" disparó Diego Maradona desde Dubái en referencia a Gonzalo Higuaín.

Es cierto lo que dice Maradona, es que en tiempos de superprofesionales y megas contratos, son pocos los futbolistas que juegan por amor a la divisa, pocos pero los hay. Si lo sabrán los hinchas de River, lo saben desde aquella remota tarde del 2001, frente a Estudiantes, cuando “El Tolo” Gallego le dijo a uno de los pibes de las inferiores que iba a ingresar. Y allá fue el debutante para reemplazar a Saviola. Desde la tribuna, los hinchas millonarios miraban con atención cada movimiento de ese muchachito grandote.

—Che. ¿Quién ese que entró?
—Cavenaghi — Se animó a decir alguno.
—¿Quién?
—Fernando Cavenaghi.

No hizo falta agregar mucho más. Pronto todos sabrían de quién se trataba y con el correr del tiempo empezarían a idolatrarlo, porque se dieron cuenta que no era uno más, se dieron cuenta que era uno de los suyos, que jugaba por amor a los colores y lo confirmaron tiempo después, cuando lo vieron entrar a la tribuna con el grueso de la hinchada agitando la bandera rojiblanca.

Pero él sabía lo que ellos también sabían, que para ser ídolo en Núñez hay que hacerle, al menos un gol a Boca. Y allá fue el joven Fernando a meter la cabeza en el área chica frente a Abbondanzieri en una Bombonera enajenada y salió como loco a festejarlo besándose el escudo de la casaca, para el goce de los suyos que estaban en la segunda y tercer bandeja visitante y la desazón de los que estábamos enfrente.

Con el pasar de los años a nadie le quedaba duda de que ese número 9 era uno más de los suyos, que sufría en cada derrota y vertía las mismas lágrimas que ellos, cuando lo vieron alzar la Libertadores en la noche legendaria de agosto del 2015 en un Monumental a pleno. Pero antes de eso, como el amor verdadero está presente en los malos momentos, cuando él vio a los suyos desolados por el descenso, se hizo fuerte ante el dolor y al año siguiente volvieron juntos al lugar que les correspondía.

Por supuesto, como pasa siempre en las mejores historias de amor, no todo fue color de rosa y fueron tres las veces que tuvo que alejarse masticando bronca y apretando los puños.
Con los años, y la sabiduría que ellos traen, además de hacer goles, escribió un libro y abrió una fundación que lleva su nombre. Días antes de la llegada del 2017, Cavegol anunció su retiro del fútbol, ya que una vieja lesión en la rodilla lo tenía a mal traer. En su álbum de recuerdos le quedarán todo los grandes momentos que vivió sobre la gramilla de los estadios más importantes de Argentina y de Europa, porque “El Torito”, supo embriagarse de ovaciones, conquistó campeonatos y fue goleador, pero por sobre todo se ganó el cariño de los hinchas de River y el respeto de las hinchadas rivales y todo por llevar la banda roja impregnada en la piel.
Tiene razón Diego, que de amar a la camiseta sabe bastante, quedan pocos tipos que mantengan viva la esencia del fútbol, pocos pero quedan.

 

 

 




Autor: Redaccion de TodosUnoTV
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