05-10-2020
 

Mítica aventura marina: Un cuento de Nicolás Eguzquiza



 





Nicolás Eguzquiza, nacido el 8 de mayo de 1994, y desde niño tenia imaginaciones y fantasías, y como siempre le gustó la historia decidió crear y recopilar ficciones, en toda su adolescencia ha escrito.
Nos cuenta: "...pero en los últimos años he progresado, y opino que hay llegado el momento de compartir lo que expreso y pienso"

Mítica aventura marina

Tres jóvenes que eran amigos, consiguieron trabajo en una lujosa goleta de tres mastiles que estaba anclado en un muelle del puerto de Buenos Aires esperando a los pasajeros. Ese trio conformado por Martin, Gonzalo y Juanse, eligieron ese empleo para hacer algo, ya que no les daba la cabeza para estudiar, y también pensaban que al menos conocerían el mundo.

Cuando el lujoso velero partió rumbo hacia África occidental, estos muchachos comenzaron a quejarse, no por el trabajo, sino por los malos tratos y las discriminaciones de los pasajeros que la mayoría era de la alta clase.
Aunque ellos cumplían las peticiones de los pasajeros, algunos no les daban propinas y se burlaban de ellos, pero llegó un punto en que Gonzalo, quien era muy agresivo, le gritó a un pasajero por imitarlo y quiso agredirlo, pero fue detenido por los marineros y junto a sus dos amigos, fueron llevados ante el capitán que les dijo:

-Miren, agradezcan que estamos en una política donde se puede conseguir trabajo que el anterior gobierno, pero si maltratan a los pasajeros, los voy a encerrar al calabozo-
-Hagan lo que quieran con nosotros, igual son unos conchetos de mierda los pasajeros-Contestó Gonzalo de mal modo.
-Cálmate un poco, recuerda que conseguimos este empleo para no ser vagos-Le dijo Martin.
-Como sea, ahora váyanse-Ordeno el contramaestre.
Días después, la goleta hizo una parada por Punta del Este en Uruguay, a recoger más pasajeros, que eran de la clase alta. A pesar de que Martin y Juanse tenían que soportarlo, Gonzalo dijo:

-Igual, nos van a tratar igual que estos ricachos-
Una noche, se iba a organizar una fiesta de gala, donde solo la clase alta iba a disfrutar de un baile. Allí al trio se le ocurrió comer algo de los bocadillos y del buffet antes de servirlos a los pasajeros, pero fueron descubiertos por el contramaestre, que los llevo ante el capitán y el director de cruceros que les dijeron:
-¿Así que son chorros?-Pregunto el director.
-¿Y que?-Contesto Gonzalo.
-No los vamos a encerrar, ya que no va a servir de nada, sino que los expulsaremos en el próximo barco que aparezca, ustedes tres ya se han vuelto una molestia-Dijo el capitán.

Poco después, se toparon con un remolcador brasileño, donde los tripulantes los aceptaron y se los llevaron consigo, y cuando se alejaban, un pasajero se burlaba de ellos.
A bordo de esa embarcación, los tres no hablaron con sus vecinos del norte, y eso que no entendían el portugués, pero al menos les dieron comida.
En ese momento repentino, apareció una tempestad, la brújula dejo de apuntar hacia el norte y el mar comenzó a tambalearse, y ni siquiera llovía, algo pasaba. Entre la niebla, vieron una aparición: un barco antiguo de tres palos. Trataron de conducir el remolcador, pero fue inútil porque los motores dejaron de funcionar.
De repente todo estuvo calmo, pero aun seguía la niebla, y de la nada un intruso aborda aquella embarcación y ataca a un marinero, y luego a dos más. Todos los tripulantes van a ver qué pasaba, pero se produjeron ruidos de espanto.
Aterrados, Martin, Juanse y Gonzalo decidieron abandonar el barco, del cual inflaron un bote y huyeron. Mientras se alejaban, volvieron a ver la silueta de ese barco fantasma.

Al día siguiente, luego de navegar a la deriva, los tres amanecieron en una playa y tenían suerte de estar vivos, pero a su alrededor vieron gente que eran naufragas, que construyeron casa con partes de barcos naufragados.
Uno de ellos, pálido y delgado les preguntó:

-¿Cómo llegaron aquí?-
-Abandonamos el barco cuando parecía que nos atacaban en el momento cuando apareció una tempestad y vimos un barco antiguo-Respondió Martin.
-Lo mismo que a nosotros-Dijo otro.
-¿Qué era ese barco?-Pregunto Juanse.
-Es un barco pirata de a fines del siglo XVII que está maldito por la arrogancia de su tripulación, y es que ellos se apoderaron de un tesoro que castigaría a cualquiera que los llevase de su lugar de origen, por eso esa tripulación esta maldita y son inmortales, y supimos que su capitán y la tripulación se les aparecieron rasgos de animales marinos-Contesto el mas anciano.
-¿No me jodas, en serio?-Preguntó Gonzalo incrédulo.
-¡Cálmate!-Le dijo Juanse.
-Es por eso que estamos en este archipiélago, estamos perdidos, nada funciona, ni las brújulas, nada, todos se olvidaron de nosotros-Respondió una anciana.

Luego de resignarse, el trio se fue con los demás a cultivar lo que tenían y a carnear pescados y preparar papillas de frutas, los únicos alimentos para su subsistencia.
El pálido llamado Josefino les mostró el lugar donde esos piratas dejaron el tesoro, y les dijo:

-Aquí el dinero no sirve, pero tampoco debemos tocarlo, por temor a quedar malditos como esos piratas-
-¿Y si me llevo uno?-Dijo Gonzalo.
-No lo toques, o te convertirás en una anchoa-Le regaño Martin.
-Al parecer, debemos vivir de la pesca y de la agricultura, al menos no moriremos de hambre - Dijo Juanse.

En la primera noche que pasaron en una de las islas, como la principal, donde esta la sede de los ancianos, asistieron a un festejo que hacían los de raza negra mostrando sus costumbres africanas, a Martin y a Juanse le interesaban, pero a Gonzalo un poco, ya que miraba embobado a algunas jóvenes que había en el lugar.
Al día siguiente, luego de la monótona comida que ingirieron con los náufragos, fueron de pesca con Josefino y con Cornelio, un pescador experto. Poco después de haberse alejado un poco del conjunto de islas para buscar mas peces, fueron llevados por la corriente hasta que se alejaron muchos metros.
Estando a la deriva, los tres pensaron en soltar las velas o remar hacia la costa argentina, pero desafortunadamente no había viento y todo estaba nublado, como casi siempre esta en el archipiélago.

De repente, Juanse vio un barco carguero, y de repente gritaron para que los recogieran, pero nadie los escuchó, y estando desesperados, fueron remando con todas sus fuerzas contra la corriente y escalaron por unas redes a la nave.
Luego de haberlo abordado, fueron a ver a la tripulación, que para sorpresa de ellos fueron mal recibidos, y cuando fueron descubiertos, Gonzalo los encaraba usando una silla como arma, y de repente, tres de ellos se le abalanzaron, pero el joven los dejó fuera de combate con patadas, sus dos amigos y los náufragos le cuidaban las espalda, hasta que vino el capitán.

El capitán de la nave, que también era argentino interrogó a los intrusos:
-¿Que hacen en mi nave?-
-Fuimos atacados por piratas y estamos náufragos-Contestó Josefino.
-No les creo, los piratas ya no existen, para mi que mienten-Dijo el contramaestre.
-Yo sé que hacer con ellos-Dijo otro.

Y en ese momento, se escuchó un cañonazo, del cual los marineros salieron afuera sorprendidos, y para su impresión, vieron aquella nave pirata con una tripulación maldita, estaba todo negro con algas y percebes adheridos al casco, con las jarcias y velas podridas.

Cuando el fantasmagórico bajel se acercó, saltaron a bordo aquellos piratas que tenían rasgos de animal, aunque poseía sus extremidades, cambiaron el color de su piel, les salieron branquias, aletas, escamas y sus cabezas cambiaron, y además seguían conservando sus ropas harapientas y estaban armados con sus armas como espadas, sables y dagas, todas oxidadas.

La tripulación se resistió a estos piratas, pero a pesar que solo poseían armas oxidadas eran muy letales, algunos daban golpes y otros golpeaban con objetos como tubos y palos. El capitán y varios aun resistían en el puente de mando, hasta que fueron acosados por un pulpo, un tiburón, una medusa, un cangrejo, un rape y una piraña, que acabaron con sus vidas.
El trio y los dos náufragos trataron de huir para no entrometerse en la lucha, ya que los marineros estaban a punto de ser vencidos, del cual bajando en una lancha de remos, pero fueron acosados por tres piratas; pero Gonzalo tomó un remo y los golpeo tirándolos al mar. Cuando pudieron bajar, se alejaron de la zona de combate.
El capitán pirata, que poseía rasgos de langosta, vio desde el alcázar de su nave, en compañía de un trompetero, un pez sierra, una anguila y un camarón, a los que se alejaban y el que tenía cabeza de anguila dijo:

-Se están escapando, debemos perseguirlos-
-Déjenlos, harán su vida en el archipiélago-Respondió el capitán.

De todos modos, volvieron arrastrados por la marea hacia el conjunto de islas, pero de lejos se sorprendieron al ver al lujoso velero donde trabajaban, que estaba anclado, y sobre todo, sano y salvo.

Al llegar, vieron pasajeros que estaban descansando en la playa, pero uno de ellos que era un inescrupuloso hombre de negocios llamado Nicanor, andaba explorando en compañía de los más ancianos.
Al llegar a la playa, fueron a donde estaban ellos y los encontraron en el santuario donde guardaban el tesoro, pero uno de los náufragos le dijo:

-No pueden tocarlo ni llevárselo, si lo hacen los piratas nos mataran a todos-
-Ya no existen, ahora si dejan de parlotear les daré una parte-Respondió Nicanor.
-Aquí el dinero no sirve, pero no deben llevárselo-Insistió otro.
-Basta ya, me los llevare sin importar las consecuencias-

Junto con los marineros y el capitán procedieron a cargar el tesoro, a pesar que los náufragos les rogaban que no lo hicieran, pero estos no hacían caso.
Aquel trio junto a Josefino y Cornelio trataron de evitar que se lo llevaran y Nicanor gritó:

-Me tienen podrido con sus cuentos de piratas, ahora déjenme en paz que llevaré esto.

Sin embargo, la nave fantasma se dirigió al archipiélago y el capitán sintió que algo malo pasaba, y ordenó:
-Los del barco de color blanco como una perla se quieren llevar nuestro tesoro, vayan y mátenlos a todos.
-A la orden, capitán-Respondió el contramaestre.

El contramaestre quien era el tiburón, fue acompañado de la piraña, el pulpo, la medusa, la anguila y el cangrejo, y varios de ellos que bajaron al mar. Al llegar subieron por el escoben y penetraron al velero de velas triangulares.
A bordo, atacaron a la tripulación y algunos pasajeros, aunque algunos como el tiburón y la piraña devoraban a los que se les ponían en su camino, y algunos llegaron a la armería donde cogieron las armas de fuego.
Cuando los pasajeros estaban aterrados porque los atacaban, el director del crucero ordenó que todos vayan al centro de la nave para ponerse a salvo con ayuda de los marineros con sus pistolas.

Por este ataque sorpresa, el caos comenzó a apoderarse de la nave, y la gente huía espantada de estos piratas, y en la sala de maquinas, un disparo a una garrafa provoco una explosión que voló una parte de ella.

Los que estaban en el centro gritaron de horror al escuchar el estallido, por lo que los piratas los atacaron sin importarle los ruegos y las suplicas. Entre los aterrados, estaba un sacerdote lanzó agua bendita a dos atacantes, que estos se volvieron esqueletos, y para ponerse a salvo, saltó por la borda en dirección al barco fantasma.
Nicanor quedo impresionado cuando vio la explosión, por lo que tomó el cofre de tesoros y huyó el solo en una lancha de motor.

El trio y sus dos amigos fueron persiguiendo al inescrupuloso hombre de negocios, pero en la persecución fueron atrapados por los piratas que estaban en el agua y los llevaron ante el capitán.

A bordo de la nave, estos eran apuntados por las oxidadas armas de los piratas y el capitán les dijo:
-Por querer llevarse nuestro tesoro, los enviaré al fondo del abismo-
-Pero nosotros no fuimos-Respondió Martin-
-¿Entonces quien fue?- Preguntó.

En ese momento, Gonzalo pudo liberarse de sus ataduras y golpeó a varios que estaban cerca de él y cogiendo una espada liberó a sus amigos y trató de defenderse, pero el trompetero le clavó en un costado con su espada, pero aunque estaba herido le dio una patada. Pero antes de que las fuerzas lo abandonen disparó el cañón y la bala fue a parar hacia donde estaba la lancha de Nicanor y ahí exploto junto con el tesoro. Así terminó la vida del inescrupuloso hombre de negocios.

De repente, aquellos piratas volvieron a ser como antes, todos volvieron a ser normales. Martin y Juanse fueron a acompañar a Gonzalo en su agonía, y ahí apareció el sacerdote y con agua bendita roció a varios que se convirtieron en esqueletos, pero el capitán dijo:
-Ya es suficiente, ahora ya no estamos malditos, ahora solo déjenos descansar en paz.
Así, todos se convirtieron en esqueletos, y el barco comenzó a ir hacia las profundidades. Martin, Juanse, Josefino, Cornelio y el sacerdote saltaron por la borda y fueron nadando al archipiélago.

Sin Nicanor y sin el director de cruceros, decidieron volver con algunos náufragos, como Josefino a la civilización, aunque algunos como Cornelio decidieron quedarse pero igual iban a ser visitados.
Al volver a casa, y de encontrar un nuevo empleo, Martin y Juanse nunca olvidaran aquella aventura sobrenatural que vivieron.


 

 

 




Autor: Redaccion de TodosUnoTV
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