20-01-2019
 

La final del caballo blanco



 



Si bien el caballo es mencionado en varios pasajes de La Biblia, el Apocalipsis habla de cuatro jinetes enviado por Dios, lo que ha dado origen a numerosos estudios e interpretaciones del último libro del Nuevo Testamento, al que comúnmente se lo asocia con el fin del mundo, calamidades o catástrofes.

Y lo que pudo haber sido una catástrofe, fue el partido de fútbol disputado el 28 de abril de 1923 entre el West Ham United y el Bolton Wanderers, los ganadores de las semifinales que debían enfrentarse por la final de la FA Cup de Inglaterra en un solo partido a disputarse en el flamante estadio de Wembley. Ese sería el primer partido jugado en ese estadio que contaba con una capacidad máxima para 125.000 espectadores.

El evento tomó tal magnitud que la gente acudió en masa al recinto londinense y fueron tantos los que asistieron al lugar, que los que estaban en las tribunas terminaron desplazados al borde de la cancha. Se dice que hubo cerca de 200000 personas que presenciaron el encuentro. Con tanto desorden por parte de la muchedumbre, a la policía montada no le quedó otra que dispersar a los hinchas fuera del perímetro del campo de juego para que se pudiera desarrollarse el partido. Esta tarea les llevó más de cuarenta y cinco minutos siendo el centro de atención de los presentes un caballo blanco llamado Billie montado por George Storey que era parte del operativo.

Mientras tanto el rey Jorge V, que se encargaría de entregar el trofeo a los vencedores, aguardaba pacientemente la orden del juez Asson para que comenzase el juego que la multitud siguió entusiasmada y en donde demás está decir no cabía ni un alfiler. En un cotejo donde los hinchas prácticamente se entremezclaban con los jugadores, el Bolton, con goles de David Jack y Jack Smith ganó 2 a 0 y se consagró por primera vez en su historia campeón de la copa.

Con los años, la imagen del caballito tratando de poner un poco de orden recorrió el mundo y el partido quedó popularmente conocido como “La final del caballo blanco”. Si no fuera por la intervención de él y de sus compañeros de la policía montada que evitaron que la gente ingresara al campo de juego, el encuentro quizá no se hubiese disputado.
Con la policía totalmente desbordada y una multitud enardecida, la situación hubiera pasado a mayores y otra que el Apocalipsis. Se habría producido la hecatombe, la debacle total y ni el equino se hubiese salvado.

foto: www.espn.com

 

 

 




Autor: Rodrigo Gaite
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