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    18-07-2018
 

La tierra del Papa Francisco está dividida por el tratamiento del proyecto de ley sobre el aborto legal



 



El proyecto de ley que regula la interrupción voluntaria del embarazo y su despenalización fue aprobado de manera ajustada en la Cámara de origen del Congreso(Diputados), tras un enérgico y extenso debate. Ahora, los caminos de la democracia, trasportan la discusión a la otra Cámara (Senado). De saltear también este escollo, debe finalmente pasar por el tercer tamiz obligatorio para que se convierta en ley; el Poder Ejecutivo (es decir el Presidente de la Nación). Aún falta un largo trecho y el final es abierto. Además pueden presentarse otras situaciones, su desecho total o parcial, el recibir adiciones o correcciones, modificaciones u objeciones y volver todo al comienzo. Para que este proyecto sea ley, aún hay un largo y sinuoso sendero. Escollos morales, éticos y sociales, deberán claudicar ante los progresistas sectores sociales, que fomentan la bandera de la liberalidad y el feminismo. Todo esto está pasando en la tierra de nuestro Papa Francisco; en una sociedad que fue forjada desde sus comienzos sobre la piedra constitucional en la que se sostiene a la Iglesia Católica y la absoluta mayoría de los ciudadanos de la República Argentina han sido bautizados en ese credo. Pero la Nación está divida en esta cuestión, y no precisamente en las proporciones ideales que se corresponden a la cantidad de católicos que habitan el suelo argentino. Es decir que una buena parte de los católicos auspician o al menos están de acuerdo en que este proyecto se convierta en ley. ¿Cómo pudo llegar nuestra sociedad a esta realidad?¿Cuáles han sido las causas por las que se ha planteado tan ferviente debate sobre el derecho a la vida de la persona humana aún no nacida?

En fin, la sociedad no logra aún comprender que existen otros caminos o alternativas para tratar el tema de la muerte de mujeres que se realizan prácticas abortivas de manera clandestina. En lugar de alcanzar consensos en este sentido, la discusión pasa por descalificar al que piensa distinto, y poner en el centro de la discusión la omisión a la protección del derecho al ser más frágil e indefenso, el aún no nacido y que no tiene responsabilidad alguna para que se lo exponga a esa vital encrucijada; la de ser eliminado y privarse de nacer por decisión de quién se arroja el poder de decidir sobre quién vive o muere.

El fanatismo orientado a imponer una ideología, no ha tomado reparo en la tremenda consecuencia que ello significa, la que no es otra que eliminar una vida en gestación con la excusa del ejercicio del derecho humano a la salud, el que es colocado prioritariamente al de la vida en una clara violación a las normas constitucionales y los Tratados Internacionales.

Los senadores ahora son quienes deben reflexionar sobre la posibilidad de resolver los problemas que impulsan esta ley. El desafío es que lo hagan sin la necesidad de legislar interrumpiendo la vida de seres humanos.

En este camino, un argentino que por los misterios de la vida conduce a la grey católica del mundo, alza su voz para que la vida sea protegida desde su concepción hasta la muerte natural. Este es el rol del Pastor supremo de la Iglesia; pronunciarse desde el orden moral y religioso. Ello fue utilizado a conveniencia de los actores que alientan la denominada “grieta social” y la calificación o las especulaciones sobre la predilección del Papa como hombre de una idea política sobre otra. Este es el error que debe evitarse. Cuando el Papa se pronuncia en su magisterio auténtico, no es el argentino quién habla, sino que es quién tiene la función y autoridad de enseñar – lo mismo los Obispos en comunión con él- la Palabra de Dios.

Senadores católicos, recuerden en unos días, cuando revisen el proyecto de ley sobre la interrupción del embarazo, la inmensa responsabilidad con la que la sociedad argentina los ha honrado al elegirlos democráticamente. Actúen de acuerdo a sus conciencias, invocando -como manda el Preámbulo de la Constitución- la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia.

Dr. Alejandro A. López Romano

 

 

 




Autor: Redaccion de TodosUnoTV
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